sábado, 27 de noviembre de 2010

Su bandera, sus marines

Es mi última noche en mi cama calentita en Maryland. Mañana vuelvo a la "realidad" con muchos recuerdos, muchas fotos y unas pocas personas interesantes nuevas en la memoria (alguna en la agenda del móvil). Tengo un sueño que me caigo y, una vez más, voy a usar el blog como señal de vida aunque sé que debería estar mandando un correo a Mari y otro a mi señora madre.

Mi último recuerdo de Washington, y mira que tampoco era fácil, será la imagen iluminada de la Casa Blanca alejándose mientras avanzábamos hacia el norte por la calle 16, camino de casa. Podía haber sido cualquier otra calle, pero ha dado la casualidad. Y el último lugar visitado, ya de noche, ha sido el memorial en honor de los Marines, la famosa (y enorme, por cierto) representación de la conquista de la isla de Iwo Jima en la Segunda Guerra Mundial.


La sensación ha sido la misma que la de ayer, mientras estábamos sentados delante de una enorme bandera estadounidense de 1814, de diez por diez metros, en una sala oscura del Museo de Historia Americana, que estaba a punto de cerrar: no son mis símbolos, pero no me dejan indiferente. No sólo por conocerlos de las películas y encontrarlos ahora en persona, sino porque no se puede comprender la fuerza que tienen hasta que no estás delante de ellos, sin importar (al menos en mi caso) lo que luego pienses acerca de cada guerra, del cuerpo de Marines, de La Chaqueta Metálica o de cada episodio de la historia real. Es, sobre todo, una explicación un poco más auténtica de la personalidad de esta gente.

Bueno, y lo dejo por hoy, con un pequeño detallito sacado de la National Gallery of Art, vamos, lo que menos esperaba yo encontrarme aquí en Washington. El cuadro, bonito no es. Pero hay que fijarse.

3 comentarios:

  1. Has visto Banderas de Nuestros Padres, ¿no?

    Lo del cuadro... ¿qué ciudad hay en el fondo? ¿Toledo?

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  2. Has dado recuerdos en Baltimore de mi parte?

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  3. Toledo es, pájaro, la puerta de Bisagra en primer plano. Casi nada.

    Julia, la verdad es que no he visto gran cosa de Baltimore... sólo el aeropuerto. Casi que te lo dejo pa ti...

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