Ha sido entrar allí y advertírselo a Rosa: lo siento, pero a partir de este momento, tengo doce años. No, mejor diez años. Puede que normalmente no dé para mucho más, pero esta vez quería de verdad volver a sentirme un niño. El museo estaba lleno de chavales, y estaba orientado para ellos, pero yo sabía lo que quería ver y lo que merecía la pena de ese pedazo de edificio. No me interesaban mucho los aviones, ni las explicaciones técnicas, ni los montajes del sistema solar, eso lo podía conseguir en la wikipedia o simplemente no me llamaba la atención. Sólo quería estar debajo de una nave Voyager, mirarla un rato y acordarme de los libros que leía en la cama y de los coleccionables de septiembre con cintas de Carl Sagan. "Cosmos" (el capítulo "Historias de viajeros") y algunas partes de "Un punto azul pálido": la exploración de Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno. Allí estaba, colgando sobre mi cabeza, la tercera Voyager, la que nunca se lanzó al espacio y sirvió como campo de pruebas durante el principio de la misión.
Mañana será el último día y, si os digo la verdad, me apetece ver más cosas de Washington que nos quedan pendientes, pero posiblemente nos lleven a ver cosillas del estado de Maryland. No pasa nada, ya me da igual todo, casi creo que he visto más de lo que puedo asimilar. Y de la mayoría, tengo fotos.
---
Por cierto, Washington es el único sitio donde puedes ver unos agentes de la EPA (Agencia de Protección del Medioambiente) haciendo de malos en la película de Los Simpsons por la noche en la tele, y llegarte al día siguiente a ver cómo es la sede de la agencia, enfrente del Museo Nacional de Historia Americana. Por no hablar de la foto que me encargó Álvaro Escalante, que ya la tengo ;^)
No me puedo ni imaginar lo que has vivido por allí. Lo de tener diez o doce años lo comprendo perfectamente :D
ResponderEliminarGracias por no olvidarte del recado... ;)
ResponderEliminar