sábado, 13 de noviembre de 2010

Luces, pasta y un fiambre de mentira


Yeah. Lo que no sé es por qué no la ponen a toda pastilla en el avión cuando vas a aterrizar, y ves por la ventanilla algo como esto:


No impresiona tanto como por la noche, con todas las luces que vimos al despegar el domingo, pero sigue siendo Las Vegas. A la izquierda del todo, la torre del Stratosphere (a diez minutos andando de donde nos quedamos). Más a la derecha, los Venetian, Caesar's Palace, Bellagio... y al sur del New York New York, fuera de la foto, la pirámide del Luxor, el Excalibur y el Mandalay Bay. Gente y luces por todos lados, algunas apariencias de dinero de verdad, otras de sólo carcasa, y otras de puro turisteo.

Lo que desde luego debió costar enormes pastizales fue levantar tantísima mole rellena de máquinas tragaperras (swallowbitch, como tradujo una amiga en un día de especial inspiración), tiendas de verdadero poderío (el Tiffany's del Bellagio, un poner) y toda clase de entretenimiento que te lleve a soltar billetes, a no ser que seas un pardo español que echa un par de dólares en una máquina por hacerse la foto, el paripé y decir que jugó en Las Vegas. Por cierto, por más que me lo hubieran contado, la sensación de andar por el Gran Canal en el Venetian es alucinante... la luz parece natural, y los remaches del techo dan una cierta impresión de estar dentro del "Show de Truman".



En cuanto a cosas que hacer fuera de los casinos, pues no faltan opciones: puedes irte a pegar tiros, lo cual te ofrecen desde que pones el pie en la terminal del aeropuerto (que por cierto, sí, está llena de máquinas tragaperras), o alquilar una limusina Hummer, como hacen los canis del taco de por aquí, o bien irte a comprar M&M's a la tienda de cuatro pisos que la marca tiene en pleno bulevar central de Las Vegas, a nosecuántos dólares la libra.




En cuanto al alojamiento, hay quien dice que hicimos el tonto, pero yo creo que en realidad pasamos un poco de complicarnos la vida metiéndonos en los hoteles de los casinos, que según todo el mundo son muy económicos, aunque cuando yo lo consulté por internet sólo (acento dedicado a Antonio: guión, truhán, "y griega") encontré verdaderos atentados a la tarjeta de crédito.

Con lo cual optamos por otro tipo de establecimiento, para conocer un poco más de la cultura americana: el motel. En realidad era un albergue juvenil de los oficiales, pero en Estados Unidos, amigüitos, los albergues tienen esta pinta. La "T" de "Tod", en el cartel grande, incluso parpadeaba, posiblemente a propósito, para dar ambiente. Me tengo que acordar de Bruce Willis diciéndole a María de Medeiros, en Pulp Fiction, que la motocicleta era de Zed, y que Zed estaba muerto, y las otras tropecientas pelis con motel de carretera.


Y sí, hablando del tema, como no podría ser de otra manera en la ciudad que vio a Grissom sacarse la carrera de criminalística, los coches de alquiler en Las Vegas vienen con muerto de serie en el maletero. Nuestro Chevrolet Malibu lo pedimos vacío, pero Delia se ofreció a hacer el simulacro. Imprudente por su parte, porque nos dio una idea que luego tuvo que sufrir en el camino de Sacramento a Davis, a la vuelta del avión (la idea del maletero, no la de tirotearla y esconderla). 

Ah, y por último, uno de esos entrañables detalles que te deja este país allá por donde vas. La piscina del albergue medía unos seis metros de largo por tres de ancho, y apenas debía cubrir, pero en esta tierra de gente paranoica y obsesa de la seguridad, una piscina es lo más peligroso que hay en el mundo, después (por poco) de un moro enfadao, y las paredes tenían más avisos de seguridad que mi laboratorio, que ya es decir.

Estos son algunos trocitos de Las Vegas... el resto ya habrá tiempo de contarlo por allí. Y me voy a la cama, que mañana hay más coche. Esto es un sinvivir.

4 comentarios:

  1. ¡¡¡Qué envidia!!! Ah, por cierto, me he emocionado con lo del acento en "sólo" ;-)

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  2. Joooder, increíble. Qué cosa más hortera! ¿El cielo que se ve en el Gran Canal es un techo? Viva la sostenibilidad. Creo que Las Vegas debe ser la ciudad con mayor impacto ambiental del mundo.

    Por cierto, ¿metisteis a una muchacha en el maletero para ir de Sacramento a Davis? ¿Vosotros no sabéis en qué país estáis? Os llega a pillar un cop y os cagáis pero de verdad. Y a ver cómo le explicas que era un recurso divertido a la par que eficiente mientras te apunta con un arma a la cabeza.

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  3. Nonono, nosotros nunca meteríamos a una muchacha en el maletero. Primero, era la parte de atrás del monovolumen gigantesco, donde iban las maletas. Si, no había asientos, pero no era un maletero. Y además, fueron DOS muchachas.

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  4. Además iba muy cómoda; el maletero era muy amplio y tuvieron el detalle de hacer un agujerito para que pudiera respirar.

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