Poco a poco fui comprendiendo tu pequeña vida melancólica. Tu mayor distracción era la suavidad de las puestas de sol. De ello me enteré en la mañana del cuarto día cuando me dijiste:
- Me gustan las puestas de sol. ¿Vamos a ver una?
- Bueno, pero debemos esperar...
- ¿Esperar qué?
- Tenemos que esperar a que el sol se ponga.
Pareciste sorprendido. Luego riéndote de ti mismo me dijiste:
- ¡Creo siempre estar en casa!
Se sabe que cuando es mediodía en los Estados Unidos, el sol se pone en Francia. Sólo bastaría llegar a Francia en un minuto para ver la puesta del sol. Pero desafortunadamente, esto no es posible; Francia está suficientemente lejos. Claro que, a diferencia de ésto, en tu pequeño planeta bastaba sólo con mover tu silla algunos pasos, contemplando así el crepúsculo cuantas veces quisieras.
El principito
Nunca me había pasado antes, pero ayer, como despedida de Washington, vi dos puestas de sol. La primera en las pistas del aeropuerto, esperando para despegar. El sol se fue escondiendo y todo el avión se fue volviendo naranja por dentro.
La segunda, la de la foto, ya en el aire, sobre los montes Apalaches, después de ver el sol salir de nuevo poco a poco mientras el avión subía.
Me voy al trabajo, buenos días (PST).
Dos puestas de sol en pocos minutos. Genial :D
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