"Pintaron de gris el cielo y el suelo se fue abrigando con hojas", como dijo el Nano. Lo mismo dura cosa de un día, pero hoy Davis es una balada de otoño, y resulta que en esta tierra donde todo es un poco de mentira, el frío, la lluvia y las hojas amarilleando parece que son de verdad. Esta ciudad que se parece a un decorado del Show de Truman, con su césped perfectamente cuidado, sus semáforos que te detectan al acercarte y sus simpáticos dependientes del supermercado, hoy parecía un sitio más humano. Apetecía una casa de piedra vieja, con su chimenea. Pero claro, esto no es Castilla, esto es California, y aquí las casas son de madera, y hay que tener un cuidadito evidente al meterle fuego a cualquier cosa que haya dentro.
En realidad hay tres cosas que han cambiado este finde, y que yo creo que me han afectado un poco al humor. La primera es que no ha habido ninguna excursión, ni he conocido ningún sitio nuevo. A cambio, he podido convertir mi habitación en un sitio más agradable, se parece a la de los primeros días. La segunda ha sido el cambio de tiempo, abrir esta mañana la puerta de casa y encontrarme con que estaba chispeando y oliendo a tierra mojada como sólo puede hacerlo cuando lleva casi dos meses sin caer una gota. Luego vino el chaparrón, el fresco por toda la casa, y la comida con María y Víctor, una pareja cacereña, después de andurrear por las calles vacías del centro. Qué raro se hace no tener la libertad de coger la bici en cualquier momento, para ir a cualquier sitio, sin plantearte que lo mismo pillas una mojadura buena. A lo mejor, las bicis sí que son para el verano.
La tercera cosa ha sido algo más extraña. Una persona que conocí en el encuentro de estudiantes nativos americanos, hace un par de semanas, me recomendó un libro como la primera aproximación a su mundo, como la puerta para conocer algo de los nativos de California. Leer literatura en inglés es un esfuerzo mental considerable, sobre todo si quieres lanzarte sin diccionario (o lees el libro, o lo traduces, las dos cosas no se puede: tienes que perderte algunos matices para poder disfrutarlo a un ritmo normal), pero ayer por la tarde, tirado en el Arboretum con mi libro y mis frutos secos, sentí que comprendía un poco a la gente que habitó estas tierras. Estoy leyendo la biografía de una curandera india, la última persona de su tribu, y cada rato que paso metido en esas páginas me cambia un poco la visión de lo que tengo alrededor.
Pero como tampoco quiero sobrecargar las neuronas, me voy a poner la cena y a ver algún peguillo en internet. Alexali acaba de poner la calefacción, y la casa cada día está más agradable y más limpia. Chimenea no tengo, pero de aquí a un mes va a haber más de una cervecita con españoles por aquí.
Este post también tiene un tono otoñal. No te vayas a dejar llevar por la melancolía. Tan sólo lo necesario para aparentar que eres más interesante de lo que eres ;D
ResponderEliminarNos tienes que hablar de ese libro.