miércoles, 6 de octubre de 2010

A partir de aquí, monstruos


O "a partir de aquí, dragones", como decían los antiguos mapas en las zonas donde terminaba el mundo conocido. Para llegar a donde se termina el oeste, el domingo me senté por primera vez en un coche automático, un Focus para más señas, y fue necesario menos tiempo del que me temía para tenerlo más o menos controlado. La sensación de estar maltratando el motor no se quita en ningún momento y el consumo de estos cacharros es una verdadera locura, pero la gasolina es muy barata, sólo tres dólares el galón (sí, yo también me quedé igual, al cambio actual son 57 céntimos el litro).

La pena fue no poder empezar el viaje más temprano, pero el domingo el alquiler de coches (el que conocíamos) abre a las diez, y eso nos dio horas de sueño pero nos quitó tiempo para disfrutar los sitios, porque a las seis y media de la tarde ya está anocheciendo. Miedo me da cuando cambien la hora.

La primera parada fue Muir Wood, un bosque primario, es decir, que nunca ha sido talado, de secuoyas costeras (Sequoia sempervirens). De esta especie son los árboles más altos del mundo, que se encuentran en algún lugar del parque Jebediah Smith, en California, que no ha sido revelado para protegerlos del turismo. Había una cierta sensación de romería que le quitaba encanto al paseo, que además fue bastante corto y previo pago de cinco dólares. Aun así, estar dentro de una verdadera catedral de árboles era impresionante.


Luego subimos por la Ruta 1, que aunque la llamen highway no es una autovía, sino una carretera de doble sentido y llena de curvas, pegada a la costa. Hacía sol y por fin pude ver el Pacífico en condiciones, mientras nos acercábamos a la península de Point Reyes, cruzando la famosa falla de San Andrés que va marcando el camino de la carretera hacia el norte. Point Reyes, como era de esperar, estaba lleno de domingueros y sobre todo de niebla, aunque menos que la otra vez, así que pudimos intuir el faro en la parte más baja del cabo, a veinte pisos de escaleras de distancia...


Después de comerme mi primera hamburguesa americana en un restaurante de la bahía de Drake, casi en la misma arena de la playa, nos fuimos hacia la bahía de Bodega, descubierta por Juan Francisco de Bodega en 1775, y donde se rodó parte de "Los pájaros" de Hitchcock. El mar estaba muy revuelto y cerca de la orilla el agua tenía color amarillo, dicen que en parte por la erosión de las rocas y en parte por el yodo que desprende un tipo de plantas marinas que hay por aquí, el kelp.
 

Me quedé con las ganas de ver el fuerte ruso que hay un poco más al norte, pero ya no quedaba día y el camino de vuelta no lo conocíamos, así que empezando a oscurecer nos largamos hacia Santa Rosa, a coger la autovía de vuelta a casa.

2 comentarios:

  1. ¿Y qué tal la experiencia con la primera hamburguesa americana? ¿Un fuerte ruso? Siempre me dejas con ganas de más, marrano.

    ResponderEliminar
  2. Pues mira, la verdad es que el entorno hizo que no pareciera lo que era... no estaba en un McDonalds. Así que con su platito, su mesa rústica y tal, pues bien.

    El Fort Ross es una base que pusieron los rusos al norte de Bodega para comerciar con pieles de nutria marina, que por cierto casi extinguieron. Aparte de llevar la frontera con España lo más al sur que pudieron, claro. La Alta California propiamente nuestra acababa en San Francisco, mejor dicho, en San Rafael, porque apenas había recursos para defender nada más al norte.

    ResponderEliminar