martes, 5 de octubre de 2010

La ciudad de las bicicletas


Desde hace unas semanas, estoy en la capital de la bicicleta en Estados Unidos. Probablemente no haya en todo el país (y costará trabajo encontrarlo en el mundo) un porcentaje mayor de gente que se desplaza a diario en bici. Toda la ciudad está sembrada de carriles bici, donde no los hay es, normalmente, porque no hay ningún carril, es decir, el asfalto está sin pintar. El carril bici es simplemente una línea más en la calzada, entre el carril de los coches y los aparcamientos. Esto, que en Córdoba es una locura (por ejemplo en el antiguo carril bici de Carlos III), aquí funciona bien, porque las calles son muy espaciosas, apenas hay tráfico y no tienes que ir pegado a las puertas de los coches aparcados, que además son muy poquitos.


Hay alguna calle grande que no tiene carril bici, como por ejemplo Russell y la Quinta (que es la misma), pero normalmente llevan al lado un carril asfaltado independiente para las bicicletas, si están en la zona de la universidad, o bien se circula por ellas usando los carriles de los coches. Hay señales que indican el carril bici, pero como lo raro es que no lo haya, son más llamativas las señales que te avisan de que compartas la calzada con los vehículos a motor. Los parques también están atravesados por caminos asfaltados para las bicis, que sirven de atajos, como también los hay en algunas zonas detrás de determinados vecindarios.


En el campus... bueno, mejor que lo veáis vosotros mismos. Allí sólo se ven bicicletas, coches de policía de la universidad y pick up de mantenimiento. Los aparcamientos no dan abasto, y a las cinco de la tarde hay que andar con mil ojos, porque no se respeta ni a los peatones en los cruces ni las preferencias en las rotondas. Sólo hay cientos de bicis moviéndose por todas partes, en equilibrio un poco inestable.


La policía está muy atenta al tema de los estudiantes ciclistas, porque es obligatorio llevar luces por la noche (obligatorio y necesario, porque apenas hay alumbrado público y en algunas calles no se ve NADA, nada = nada, todo negro). Hay algunos policías que son especialmente estrictos en los primeros días de clase, para curtir a los novatos. Se ponen en los cruces del centro, que están llenos de señales de stop, y se dedican a poner multas a los que no paran del todo, o no ceden bien el paso.

Se puede tener una licencia para la bici. Aunque no es obligatorio, puedes registrar tu bicicleta, lo que resulta bastante útil en caso (improbable, pero no tan raro) de que te la manguen y luego la encuentres por ahí. De todas formas, atentos a esto, mucha gente deja las bicis en la calle sin atar a nada, simplemente cogiendo con el candado la rueda y el cuadro. Este país es así: no harán el esfuerzo físico de montar veinte bicis en un camión y luego reventar los seguros en casa tranquilamente.

6 comentarios:

  1. Pues fíjate qué cosas. Un país de contrastes increíbles.

    Por cierto, a ver si aprendemos por aquí. Una buena señalización ayuda mucho más y es más eficiente que el pinturita roja que, además, es carísima.

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  2. Acuérdate de Holanda!
    Miguel, te damos el premio al seguidor más fiel del blog! :) Un besiyo, a ver si nos vemos.

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  3. Eyyyyyyyyyyy, él será el más participativo, pero semos unos cuantos los que lo leemos a diario, ¡¡¡muchos besos Mari!!!

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  4. Lo sé, lo sé!!! Ahí en el anonimato hay mucha gente.
    Otros muchos besitos para ti carapixel, y para ti Saqun... ;)

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  5. Me se saltan las lágrimas, señor difuso...

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  6. En Madrid tantos peatones en dos ruedas durarían muy poco...una pena...

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