miércoles, 15 de septiembre de 2010

Un poco de historia: la California española

Alta y Baja California a finales del siglo XVIII, con los más importantes asentamientos
en los actuales EEUU. El control efectivo en la Alta California nunca fue más allá de una estrecha franja costera.

Una vez conquistadas las civilizaciones avanzadas de México, a mediados del siglo XVI, se abrió ante los exploradores españoles un verdadero nuevo mundo por descubrir. El virreinato de Nueva España trató de extenderse hacia el norte, tanto por las rutas desérticas hacia las llamadas Provincias Internas (Arizona, Nuevo México o Texas) como por las vías marítimas del golfo de México (hacia el sureste de EE.UU., lo que hoy es Luisiana y Florida) y del océano Pacífico, en dirección al actual estado de California. 

"Las Californias", la Alta (hoy estadounidense) y la Baja (la península, ya en México) tardaron mucho en ser colonizadas, por su aridez en el sur, su lejanía, por la falta de recursos del virreinato y, sobre todo, porque no había oro ni riquezas inmediatas. Los nativos de California estaban poco menos que en el Neolítico, y además no resultaban demasiado amigables. Durante doscientos años, España tuvo el control teórico, pero no se fundó el primer asentamiento en el actual territorio estadounidense hasta el día 14 de mayo de 1769, cuando el teniente Pedro Fages de los Voluntarios de Cataluña fundó el presidio (fuerte) de San Diego, en el contexto de una expedición mandada por Gaspar de Portolá que pretendía evitar el avance ruso por Norteamérica.

Para entonces, varias exploraciones (Francisco de Ulloa, Sebastián Vizcaíno...) habían ido poniendo nombres a los ríos, cabos y otros accidentes geográficos, hasta más o menos el norte de California, cerca de Mendocino. Estaba naciendo la última provincia del imperio, la más lejana, que a lo largo de medio siglo se iba a llenar de presidios, misiones y pueblos (San Francisco, San Luis Obispo, Santa Bárbara, Los Ángeles...) gobernados desde Monterrey, capital provincial, desde México, la virreinal y, en última instancia, desde el Madrid de los Borbones.


Los símbolos de la época eran muy variables. Al principio se usaba la bandera de Castilla y León, y los Borbones fueron imponiendo, tanto en la marina como en tierra, sus banderas blancas con el escudo real. Pero la verdadera bandera de Nueva España, y del resto del imperio hasta que, tras la guerra de Independencia (española), empezó ya a generalizarse el uso de la bandera naval roja y amarilla, fue la cruz de San Andrés o de Borgoña. Es una pena (aunque por otra parte, es lógico) que hoy en día la gente identifique esta bandera únicamente con el carlismo o con la dictadura franquista, cuando estuvo vigente bastante más tiempo del que lleva la actual, y de hecho aún ondea en algunos parques históricos en Estados Unidos. Fue, probablemente, la primera bandera de California.

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No se preocupéis. Seguiré contando pegos. Pero ya que me traje el libro, por lo menos que sirva para algo, ¿no?

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