Las cinco menos cuarto, hora del Pacífico, las dos de la mañana, hora local de mi cerebro. Empiezo a notar que si no me ponen un varguitas en la mano de aquí a cosa de media hora, me va a entrar un bajón físico jetlaguero de la leche. Y vosotros, malditos, mientras tanto, os alicatáis por las calles de Córdoba, dejando el escaip y el guguelchá más solos que uno que se fue a Davis.
Bueno, que he llegado.
De hecho, puedo decir que llegué ayer, ahora que más o menos consigo identificar "ayer" y "hoy", cosa que hasta hace unas horas no era muy capaz de hacer. Realmente, hace unas horas no era capaz de hacer prácticamente nada salvo caerme al suelo y dormir. Una noche entera en el aeropuerto, más tres horas de avión, más otras tres de ver caretos ingleses en Londonjítrou, terminaron por dejarme en perfectas condiciones para aguantar once horas de vuelo hasta San Francisco.
La gran sorpresa, lo que no me esperaba, ha sido la ruta que ha seguido el avión. Nos llevó hacia el norte, bordeando Escocia, para sobrevolar Islandia y dejarnos ver los glaciares reflejando el sol... Hubiera merecido la pena ver Groenlandia, pero parecía que de Córdoba hacia el norte todo el planeta estaba nublado. Algo pudimos ver del norte de Canadá, [moña mode on] lagos turquesa entre los bosques y ríos serpenteando hasta el horizonte [moña mode off].
El piloto nos regaló una vista preciosa de San Francisco con el Golden Gate (no, lo de Torrente era el Golden Gay) medio cubierto por la niebla de la bahía, y una panorámica de la zona de los rascacielos, el Downtown que llaman por aquí. Espero que el giro brusco que hicimos no tuviera nada que ver con el pepinazo gigantesco que hubo cosa de unas horas más tarde, junto al aeropuerto, una explosión de gas.
Para llegar a Davis, junto a Sacramento, me pude desentender por fin de rutas y leches, porque me recogió mi jefe (temporal) en el propio aeropuerto y me dejó en mi casita, de la que os contaré otro día. Me acompañó a hacer unas compras, y me prestó la bici que voy a usar durante este tiempo.
Y yastá, jeme aquí, entendiendo por fin la soledad del viajero y preparándome para esta aventurilla. Me largo a hacer la compra, a ver si así no me caigo frito en el escritorio.
PD. Acabo de tener, mientras escribía la entrada, el placer de escuchar a un yanqui murmurar para sí mismo "son of the fucking bitch". El mismo que está encendiendo la barbacoa en su patio trasero, junto a mi ventana. No tiene precio...
He estado mirando antes la zona de Davis por Street View y el campus, aparte de enorme, por cierto, está más lleno de bicis de lo que hubiese pensado. La zona del Arboretum tiene que ser preciosa.
ResponderEliminar¿Has comprado ya peanut butter?
Pos no, porque estuve buscando butter a secas y ya me costó trabajo... Hay partes de los supermercados que parecen de otro planeta. Y no veo Covap por ningún lado, ¿no estaban exportando, joer?
ResponderEliminarBicis hay a espuertas, desde luego. Y carril bici por toda la ciudad, algunas sendas ciclables alrededor... y la gente no ata las bicis a nada. Simplemente le enganchan la rueda con el cuadro y no piensan que vendrán con una furgona a llevárselas de veinte en veinte para reventar los candados tranquilamente en casa.
Primo creo q empiezo a ser bloguero de verdad, al poder pubiqueison esto. Seremos fieles seguidores de tu aventura americana, Hasta el infinito y mas allá. Yiiiiijaaaaaaa.
ResponderEliminar