Esta tarde, al llegar del trabajo, he dejado la bici detrás de la casa y he ido a abrir la puertecita de la valla blanca que rodea el jardín. Allí estaba, tirado en el puto suelo, al más puro estilo yanki, un sobre de UPS recién llegado calentito de España con mi contrato de trabajo para firmar y devolver. Bueno, para devolver son la mayoría de los contratos, pero la verdad es que no me quejo. Luego me pondré con eso, ahora os debo unas cuantas fotos.
Sí, señor, las calles son realmente así en este capricho urbano. San Francisco nació el 29 de junio de 1776, y la fundaron unos misioneros españoles. Para cuando la independencia de México puso fin a la soberanía española de California, había poco más de mil personas viviendo allí, hoy se apelotonan cientos de miles en un lugar que sufre el síndrome de Cádiz: la ciudad no tiene por dónde crecer.
La excursión, que empezó a las siete de la mañana en la estación de Amtrak de Davis, tuvo el problema de la masa de gente que nos juntamos, más de veinte. Con tal cantidad de peña tuvimos que movernos andando, porque el chaval (bueno, chaval... dejémoslo en Jeff) que nos acompañaba no se atrevió a meternos en el metro a todos para ir a ver el Golden Gate, que queda un pelín retirado del centro. Nosotros nos dimos un paseo desde la estación de Powell St, por Union Square hacia Chinatown y el barrio italiano, subimos después hacia Coit Tower y bajamos hacia el Embarcadero, incluyendo la zona comercial de Pier 39. Seguimos por el puerto hacia el norte, y luego subimos Russian Hill hasta la calle de la casa azul y la buganvilla de Miguel. Luego, vuelta por Columbus hasta el distrito comercial, la pirámide y todos los demás rascacielos, donde cogimos el tren de vuelta (hora y media larga para ir y otro tanto para volver).
La ciudad... yo lo siento mucho, sé que es casi un pecado decirlo una vez que he llegado hasta aquí, pero digamos que me emocionó menos de lo que esperaba. Quizás el grupo grande le quitaba encanto, quizás nos llevamos un mal sabor de boca de la media hora de bulla en la feria de Chinatown vagando sin rumbo fijo... No me gustó no poder al Golden Gate porque estaba lejos y hacía falta tiempo, y luego quedarnos media hora viendo un espectáculo de breakdance en pleno Embarcadero, que consistió en veinte minutos de espera, cinco de baile, cuatro de pedir pasta y un último minuto de saltos.
Las vistas al pie de Coit Tower son impresionantes, eso sí... las calles trepando por las colinas, la isla de Alcatraz, el puente asomando aquí y allá entre la niebla. La pequeña colonia de leones marinos en Pier 39, huele que tira para atrás pero resulta bastante impresionante.
¿La sensación? Que hay que volver a por más y mejor. Pero con cuidado, no como los chilenos y el resto de la pandilla que alquilaron el otro día tres coches, y a dos les reventaron los cristales mientras estaban aparcados en pleno Downtown. San Francisco es mucho para un paseo.


Hau!!!
ResponderEliminarDinos la verdad, no estas en San francisco estas en Saigón, la foto del grupo lo constata. ¿Cuánto chino-malasio había en ese grupo? Pierdo la cuenta….
Espero que en las próximas excursiones tengas más suerte y aprovechéis mejor el tiempo, estaba claro que ante tanto asiáticos había que perderse por Chinatown...
Sé de lo que hablas, a mí me pasó lo mismo con Boston y Nueva York, que la primera vez que fuí y me marcaban el ritmo, me dejaron más bien frío. Pero cuando volví y fuí a mi aire (aunque suene un poco a "soy autista y me molo a mí mismo por ello") fue mucho mejor.
ResponderEliminarEl otro aventurero
La verdad es que ir con un grupo tan grande siempre es bastante frustrante.
ResponderEliminarEl próximo día tienes que ir al Antique Vibrator Museum. Está en el 1210 de Valencia St.
Por cierto, visitarás Alcatraz, ¿no?
Habrá que ir, claro, habrá que hacer muuuuchas cosas.
ResponderEliminarPues ya veis, chinos, japoneses y malayos eran como la mitad. Cinco españoles, tres o cuatro alemanes, y luego países sueltos...