jueves, 27 de octubre de 2011

La gran castaña

"¡Mire, padre, mire cómo vuelo! ¡Como los ángeles! (minuto 1:40)"
América es, verdaderamente, la tierra de las oportunidades. Ayer mismo tuve la oportunidad de abrirme la cabeza y, afortunadamente, la desaproveché. El asunto se saldó con un herido leve, dos chinos asustaos y una rueda hecha mierda.

Todo empezó ayer por la tarde, cuando nos estábamos tomando algo alegremente en el Delta de Venus, lo cual fue seguido, ante el amago de irnos para casa, por una última cervecilla en el Sophias con Mar, las dos Cristinas (madrileña y gallega) y el novio de la segunda, Jose. Llamamos a José Luis, el valenciano, para que se viniera, pero estaba en el laboratorio mirando caquis al microscopio, puteado porque no le sale nada de lo que quería.

Asín era. Pobrecica
Así que, cometiendo el error principal de toda la historia, decidí que era el momento adecuado para comportarme como un Bro (del ebonic 'broda') que no podía permitir que un colega estuviera a las nueve de la noche muerto de asco delante de un confocal. Sin uso alguno de mi materia gris, compré dos latas de birra fría en la Coop y en vez de recorrer los cien metros que había hasta mi casa, me clavé la milla y media de vuelta al campus, en dirección al Robert Mondavi, al sur del Putah creek, el arroyo (si, se cree que la etimología de origen español es esa) de las Putas. Pero no se me distraigan.

Sin importarme lo más mínimo estar incumpliendo dos leyes sobre circulación y orden público, a saber, a) montar en bici bajo la influencia del alcohol y b) introducir bebidas alcohólicas en el campus universitario, pasé por el carril bici de delante de la biblioteca, crucé la calle y seguí al otro lado por el mismo carril. Entre dos jardincitos. Vamos, lo que de noche, con la iluminación estilo Davis (casi ninguna) y mi luz de la bici (enfocada un poquito más alta de la cuenta) parecía un carril. Pero era una acera. Así que hice mi feliz entrada en dicha acera a velocidad estándar y condiciones normales (una atmósfera, veinticinco grados), justo de frente a un bordillo en el que le colgarían los pies a Jordan.

El hostión subsiguiente consistió en caer de boca, previo vuelo, sobre el manillar y la cesta metálica delantera de la bici, aterrizando a continuación con la barbilla en el hormigón. Hormigón rasposo, furthermore. No sé si solté la bici o no, pero si llega a venir detrás de mí Rossi o Stoner la habíamos liado pardísima. Mientras volaba lo único que pasaba por mi cabeza eran las palabras: seguro médico, dinero, escayola, papeles, hospitales (8)...

Dos chinos corrieron hacia mí preguntándome si estaba bien, a lo que contesté que no y que si tenía algo de sangre en la barbilla. O si tenía barbilla. A todo esto la rueda de atrás de la bici sonaba como un globo deshinchándose, quedándose vacía en... no sé, diez segundos. La autopsia posterior parece indicar que dos radios reventaron y entraron hasta los cucaños de la cámara de aire, que por cierto ha sangrado un líquido verde fosforito (¿ideas?). La cadena se atasca entre los piñones y la rueda trasera parece un pelín ahuevada.

Cesta líquida de Dalí
Lo más espectacular, de todas formas, fue el airbag. Si no llego a tener una cesta metálica (dura, no es tan fácil de apachurrar) en la parte de adelante me había dejado ahí los piños. Evidentemente, la cesta ha quedado como un acordeón, parece que la hubiera pintado Dalí borracho, pero probablemente me haya salvado lo que me queda de estancia, por física pura o por la intervención de la Virgen de la Soterraña, averigua.

A partir de ahí, bicicleta atada en Memorial Union, llamadita a Henry dándole pena para que venga a buscarme (un poco sumido en el pánico, todo hay que decirlo), control de daños (rozones, contusiones varias en hombros, piernas y demás, según se iba enfriando el cuerpo) y alcohol de 70º al rozón de la barbilla, medio camuflado entre las barbas. Y menos mal, porque tenía ya el algodón mojado de agua oxigenada cuando me imaginé con un rodal amarillo imposible de afeitar en medio del careto, y decidí tirar de alcohol (una vez más, causa y solución de los problemas de la vida). Un ibuprofeno para la mandíbula que empezaba a doler, y al camastro a pasar el rato.

Afortunadamente, como hay una sociedad española paralela en Davis (grupo de Facebook privado) ya tengo bicicleta, de un murciano que me la ha pasado lista para usar. Es de montaña, más lenta, y tiene la pega de que la última vez que vio aceite fue en un telediario sobre el vertido del Prestige "Mar Egeo", lo cual solucionaré mañana con una puesta a punto con tres en uno del laboratorio.

La burra nueva. Suena como si la mataras con cada pedalada
Eso sí, como la vida a veces sabe que te putea, porque lo sabe, puede llegar a tener un detalle contigo. Hoy ha tenido dos. Uno, una bolsita de chocolatinas de regalo de una inmobiliria, depositadas en la cesta surrealista de mi bici rota, en plena calle. Olé. Y el segundo, la inspiración para un disfraz de Halloween, por fin. Mañana me pondré a buscar lo que necesito, ahora que no tengo que hacer una ruta de senderismo para llegar al centro.

Y eso es todo, que no es poco. Estoy entero, no me duele mucho y en una semana y media calculo que podré volver a afeitarme sin derramamiento de sangre. Y hasta aquí cuento hoy, que me he quedado a gusto.

PD. Ojo a la pegatina de la bici nueva. El destino es un cachondo: "Ve seguro. Lleva casco".

No toquemos las pelotas encima 

4 comentarios:

  1. Ja...ja... ja!!!
    Lo siento cuñao pero me he reído mucho... Y no pasa nada, si has escrito en plan monologo de club de la comedia era con ese fin. Ante ese despliegue de gracia, entiendo efectivamente que tu salud física está medianamente a salvo(omito preguntarte por la misma), de la mental hablamos en otro momento.

    Solo advertirte eso si, que la etiqueta de tu "nueva bici" no es baladí. (TU MADRE QUE NO LEA ESTO). Imagínate que a la misma vez que describías esa parábola en el aire, tu cuerpo experimenta una rotación sobre el manillar de la accidentada, realizando un aterrizaje en el hormigón (que iba a estar igual de duro) de cuernos en vez de en plancha. Así que no está demás hacerle caso, claro que hasta que no te sane esa barbilla, ponerte un barbuquejo cercano puede resultar doloroso.

    Por lo demás y pasando al aspecto técnico te diré que lo que sangraba tu rueda trasera procedía de la "self sealing tube" cámara autosellante, lo cual demuestra cierto nivel en la cultura ciclista de esa sociedad. El líquido verde va dentro de esta cámara, también llamada antipinchazos, que permite que ante pequeños agujeros que se horaden en la rueda estos sellen de forma automática, el líquido al contacto con el aire se "solidifica" y crea un tapón. Claro que estamos hablando de pequeños pinchazos y no de las puñaladas de sendos radios.

    A propósito de este tipo de cámaras que se venden en España... casi todas vienen de China(las buenas y las malas). Y se me viene a la curiosidad preguntarte sobre la incidencia de los productos chinos en ese país tan patriótico.(je je, te puede dar pa otra entrada en el blog)

    Bueno que me alegro que estés bien y que solo haya que lamentar esos daños materiales..., los tuyos tienen arreglo (déjate barba y manda fotos).

    ABRAZOS

    Pd.: Me gusta más tu "nueva" burra, ya sabes que yo soy más de mountain. Además da buenos consejos.

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  2. Ten cuidaíto!!!!! Y cuídate mucho. Un beso mu grande!!!

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  3. Un beso, Blanca!!

    A mi tb me gusta más la bici nueva, la verdad, aunque hecho de menos lo rápido que iba la otra. Todavía estoy pensándome qué hacer, probablemente pregunte cuánto cuesta arreglarla y lo apaño según lo que me digan.

    Productos chinos?? Aqui no veo por ninguna parte, la verdad. Lo más parecido a una tienda de chinos es la de segunda mano en la que rebuscamos ayer durante una hora cosillas para hacernos los disfraces de Halloween. Un abrazo!!

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  4. El parque de San Antonio te curtió en estos golpes...jajaja

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