viernes, 31 de diciembre de 2010

Road Trip - 3ª parte (What happens in Vegas stays in Vegas)

Incidente en la autopista aparte el viaje a Las Vegas fue tranquilo y a media mañana estábamos entrando en la ciudad del pecado. A diferencia del viaje del Espanis Tim nos alojamos en uno de los casinos, el Luxor, una pirámide de dimensiones considerables en la que los ascensores van en diagonal. Como somos más listos que el hambre sólo pagamos por una persona en una habitación con dos camas grandes así que las tres chicas nos tuvimos que quedar escondidas en el coche mientras Jeff cogía la llave. Una vez en la habitación nos dimos la ansiada (y necesaria) ducha, Jeff se echó una siestecilla y luego salimos al Strip. La verdad es que Las Vegas de día da una imagen totalmente distinta (un poco deprimente, por cierto), pero sigue habiendo gente igualmente. Comimos la hamburguesa más cara -pero muy rica- de la historia ($15) en la terraza del Hard Rock Café y paseamos arriba y abajo. De acuerdo con la tradición entramos en la tienda de M&M, compramos unos paquetitos (coco, mantequilla de cacahuete y otro que no recuerdo) y nos hicimos fotos con los muñequinos.

Volví a ver a nuestros amigos mejicanos chasqueando tarjetas de chicas que no tienen otra cosa mejor que hacer por Navidad que ir directas a ti en 20 minutos y conseguimos esquivarlos y sobrevivir. Pero oye, están haciendo el mayor bien, son el "Ejército de Salvación" de Las Vegas...


Al oscurecer volvimos a ver el espectáculo hidromusical del Bellagio y volvimos andando al hotel a la vez que intentábamos encontrar un cajero que no nos desplumara con la comisión (algunos cobran $10 por sacar dinero).


A eso de las 7 de la tarde nos juntamos con otros internacionales de Davis que venían del viaje de esquiar en una suite del Luxor. Cuando llegamos ya iban contentos y corría el vodka y una bebida repugnante de Chile. Estuvimos allí hasta eso de las 10, con música horrible y con gente subida por las mesas, sofás y demás paramentos horizontales (incluyendo una tele retráctil que salía de una mesita de noche). Tendríais que ver cómo quedó la habitación... Al chaval que pagó seguro que le clavaron una en la tarjeta al día siguiente que no veas. Pero lo mejor de salir con gente de 20 años y menos de 60 kilos de peso que lleva sin comer desde las 2 de la tarde es que se pillen una cogorza de cuidado y poten en la cama de la habitación. Efectivamente, una de las dos catalanas no toleró bien el tema mezcla de alcoholes sin comida y se quedó para el arrastre, tanto que la tuvimos que llevar de vuelta a la habitación. El resto se fueron a un club del hotel (al que las chicas entraban gratis, of course) y Jeff, Berta y yo nos escapamos a cenar algo. Eran ya casi las 12 del día 23 y uno de los internaiconales cumplía 21 el día de Nochebuena así que Jeff le compró un margarita de esos que vienen en un tubo kilométrico y esperamos a que fuera oficialmente mayor de edad y pudiera entrar en el club. Después del abrazo de oso, Jeff y yo fuimos hasta el New York, New Yok porque teníamos antojo de la montaña rusa (porque cierta gente no quiso subir conmigo... ahí lo dejo). A las 12 y cuarto llegamos allí y estaba cerrada. ¿!Qué?! WTF? ¿No estamos en Las Vegas? ¿Cómo puede ser que algo cierre por la noche? Jeff tiene la teoría que es porque no quieren que los borrachos les llenen todo de vomitada... Puede ser, pero nos marchamos muy decepcionados. A dormir que mañana hay un viaje muy largo por delante: 727 km por la carretera más larga y aburrida del mundo (aunque sin Coldplay igual no rozas la muerte).

Mañana el capítulo final: Cómo sobrevivir a una Navidad americana.

Hasta entonces, ¡Feliz Año a todos! Alberto, mejórate y no te deprimas en casa, yo me solidarizo contigo y me quedo con la señora y sus 18 tipos de fruta. Aunque en un ratillo comeré las uvas por el Skype con mi padre. Por la noche no sé cómo lo haré porque aquí la cuenta atrás es de 10 segundos y creo que puedo morir si como 12 uvas en ese tiempo.

Freixenet y yo les deseamos Felices Fiestas (ay, cómo se echa de menos, jeje).



4 comentarios:

  1. Y yo estoy leyendo tu entrada a las dos de la mañana en Nochevieja, para que veas... ¿Cómo puede ser que en tres meses en Davis me acordara de Córdoba un par de veces (y cuando hizo frío) y a la semana y pico de llegar me esté entrando morriña de Davis?

    Bueno, aguanta, que mañana te mandamos refuerzos. Feliz año nuevo, hora asturiana!

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  2. Por cierto, me quito el sombrero ante la última foto, ye cojonuda.

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  3. Bueno, bueno, no te me pongas sentimental, que ponerse triste en Nochevieja es muy deprimente. Yo acabo de comer las segundas 12 uvas del día con la cuenta atrás de Times Square, el Auld Lang Syne y New York, New York :D Las primeras fueron por el Skype con Anne Igartiburu y José Mota a las 3 de la tarde y se me saltaban las lágrimas (estoy yo buena para hablar de no ponerse triste). La mujer esta tiró un puñao de quarters desde fuera de casa pa dentro, abrió todas las ventanas (creo que quería matarme...) y encendió todas las luces. En la mesa tenemos 13 tipos (no 18) de fruta diferentes, arroz y gengibre; en la puerta hay una piña y en el dintel un racimo de uvas.
    Un besote y feliz 2011.

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  4. Feliz Año Olaya, sólo puedo decir una cosa:
    A tus pies!!!

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