martes, 14 de diciembre de 2010

El fin del mundo como lo he conocido

Estoy empezando a escribir esta entrada no sé qué día, pero desde luego no hoy, 14 de diciembre, porque a lo mejor no hubiera tenido ganas ni ánimo. Y sin embargo, la lagrimilla sí es el del día de marcharse. Me voy, a patear California una semana con Mari, a pasar la Navidad con mi familia, a volver a coger más o menos por los Inocentes esa carretera que apunta hacia el sur, como dice la canción. Necesito irme, porque estoy cansado, saturado y no estoy preparado para quedarme más tiempo, pero por dentro se me rebela todo contra la idea de dejar atrás este sitio.

Me dijeron hace tiempo que no era normal que una persona estuviera tan bien y tan a gusto en una estancia en el extranjero. Pues tengo que contar algo: no he engañado. He sido feliz aquí, he crecido, he cambiado y he aprendido. Una parte muy gorda se la debo a Olaya, a Delia, a María y a Diana (la que tuvo que aguantar la etiqueta de spanish team que no le tocaba, pero que yo creo que también le gusta), que me han dado mucho más de lo que esperaba encontrar en esta ciudad. De todas formas, me parece que Davis no va a ser, por decirlo de alguna forma, el Berlín de Antonio: el sitio como tal no vale un duro, y es muy difícil crear lazos con él. En mi caso ha sido la gente, desde Alison, la de los pájaros de Point Reyes, hasta Jen, la compañera que me enseñó a manejar el calorímetro, la que ha dado sentido a esto y me ha ayudado a aprovecharlo.

Al final, lo currado me ha pagado la estancia (ya me tocaba a mí fundirme a gusto un poquito de dinero público, que no iba a ser el único mono que no lo hiciera) y me ha hecho madurar un poco más. Lo viajado no hubiera valido nada sin las demás personas que iban en el coche, sería como si no hubiera ocurrido. Lo llorado, creo que fue por cosas que valían la pena. Y lo reído ha sido tanto que, como he disfrutado todo lo posible mientras he estado aquí, ahora me puedo permitir una última entradilla en plan nostálgico.

Quien diga que no es el fin del mundo que se acaben tres meses viviendo en un lugar como este, se equivoca. Claro que lo es, este tiempo ha sido único y valen la pena todas las sensaciones que quieran salir. Voy a echar de menos cada rato y a cada persona de Davis, vuelva o no a verlas alguna vez. Es el fin del mundo que he conocido y sé que, dentro de un tiempo, me sentiré bien.

Hasta siempre.

6 comentarios:

  1. Quizá no sea Berlín, pero sí que se parece un poco (o un mucho) a Wheaton. Y sí, es el fin del mundo como lo conocemos... pero también el comienzo del mundo como NO lo conocemos.

    ResponderEliminar
  2. Solo en una cosa te equivocas. Nunca dejarás atrás ese sitio. Siempre irá contigo.

    Y como bien dice Antonio, te espera un mundo que no conoces. Te espero por aquí para descubrirlo.

    ResponderEliminar
  3. Sí, pensé lo de Wheaton, ya tendremos tiempo de charlar y comparar estas navidades.

    Tengo mucha curiosidad por la vuelta a Córdoba, la verdad. Nos vemos pronto.

    ResponderEliminar
  4. Ha llegado a su destino.

    La Felicidad no está al final del camino, sino a lo largo de él...

    Nos vemos ;)

    ResponderEliminar
  5. Yo soy la que os tengo que dar las gracias por aceptarme en el spanish team! nuca habria sido igual

    ResponderEliminar
  6. Me ha gustado mucho seguir tu blog durante estos meses y voy a echar mucho de menos leer esas anécdotas tan familiares casi cada día. La verdad es que entre las fotos, el vídeo y el blog me vais a poner muy muy muy difícil olvidaros.
    Una de las experiencias más bonitas de mi vida.

    ResponderEliminar