lunes, 13 de diciembre de 2010

Día 94

Sentado, desayunando delante del desgraciado de la vida que se levanta todos los días a eso de las seis de la mañana y enciende las luces que despiertan a los patos del jardín, pienso, como todas las mañanas, que hay momentos en los que sí que apetece volverse, o por lo menos escaparse a un sitio donde no sea tan difícil dormir a gusto o decidir la hora a la que te levantas.



Este fin de semana parece que lo hemos conseguido, con una visitilla un poco improvisada al bosque de secuoyas gigantes Big Trees y al lago Tahoe (que yo ya los conocía, pero no tienen nada que ver en invierno). Muchas horas de coche, unas carreteras que pasan por encima del fin del mundo y unos paisajes que ya los veis.

Pero basta pensar en todo lo que preparar todavía entre lunes y martes, tanto en el trabajo como fuera de él, para que me entren ganas de que sea el día 14 por la tarde, esté todo hecho y sólo me quede despedirme y prepararme para las última escapada californiana antes de la vuelta. Esta mañana ya le he dicho adiós a Alex, que se larga a Hawaii de vacaciones. Y en lo que queda de semana volará casi todo el espanis tim, de modo que si por casualidad volvemos a Davis antes de coger el avión, más o menos cuando cumpla los cien días en este país, aquí apenas quedará prácticamente nadie para verlo.

Aparte, me da la impresión de que el cansancio y las horas de curro han ido haciendo el blog un poco más rollete, con lo cual, aunque cuelgue algo el martes, voy a aprovechar ya para despedirme de todos, hasta Ávila para algunos y hasta la vuelta a Córdoba para la mayoría... Muchísimas gracias por pasaros por aquí de vez en cuando, ha sido más importante de lo que ha parecido. Otra parte muy bonita de toda esta historia californiana.

Me voy a la calle, a decirle adiós a gente, que mañana me vence el visado.

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