jueves, 13 de noviembre de 2014

Palabra de Bill

El momentaco de Clinton (minuto 1:40 para los impacientes)

No todos los días se tiene la ocasión de ver en directo a un icono de los años noventa, la época en que los de mi quinta empezamos a asomarnos a la tele. Algunos han ido palmando (Juan Pablo II), otros son personajes ficticios (Will Smith mola, pero el Príncipe de Bel Air es todavía mejor), o están demasiado ocupados en un retiro más o menos dorado (Fidel, Chiquito de la Calzada) o no iría a verlos ni aunque me pagaran (¿Felipe?).

Hay otros, hamijos, que se ofrecen al mundo porque todavía tienen mucho que decir. Con ustedes, William Jefferson Clinton, cuadragésimo segundo presidente de los Estados Unidos de América (y todos se ponen de pie):


Para los menos informados, la semana pasada hubo elecciones aquí en Estados Unidos. No elecciones presidenciales, que son las que salen en la tele en España, sino legislativas parciales. Como si en España se renovara el Congreso independientemente del Gobierno, y de paso se renovara una parte del Senado. Para complicar aún más la comparación, aquí el Senado es importante.

El caso es que los demócratas (ese supuesto equivalente de la izquierda española cuyos mítines terminan con un "Dios bendiga América") lo tenían francamente crudo en esta ocasión, y de hecho los republicanos (la derecha, mayormente blanca, protestante y creacionista) les han pegado un repaso bastante notable. Cualquier ayuda era necesaria, pero Obama no contaba como ayuda, porque ahora mismo no cae bien ni en su peña de fútbol americano. Ya ni le llaman para las porras de la Superbowl. Así que sacaron a Clinton, que se tuvo que recorrer todo el país, incluso los distritos en los que los demócratas lo suelen tener más fácil, como pasa aquí en California.

Bill Clinton, al que el resto del planeta recuerda porque se la chupó una becaria, aquí es (además) recordado porque ningún presidente desde la II Guerra Mundial se ha ido teniendo la popularidad tan alta. Reconstruyó la economía y dejó al país bastante más saneado, y en un estado de optimismo al que contribuyó también que EEUU emergiera como la gran superpotencia de los noventa, sin enemigo alguno enfrente. Esa época en que la superioridad yanki era tan aplastante que, en las pelis, los malos ya no eran rusos sino extraterrestres (Mars Attacks, Independence Day, Men in Black y demás).

En el pabellón polideportivo de la universidad, Clinton se metió al público en el bolsillo con cierta rapidez. Alabó la ciencia y la innovación, transmitió un mensaje de optimismo y recordó que de peores se había salido y que es una tontería pedir que la economía crezca si no se sube el salario mínimo, del que viven varias decenas de millones de personas. Pero un momento, alto, ¡eso es lo que hacen todos los políticos! No, no sólo eso. Algunos son, además, buenos oradores, porque sus argumentos están bien hilados, tienen sentido y, lo que es más importante, ni te enteras de que te la están metiendo doblada.

Creo que ha sido la primera vez que he acudido a un acto político en mi vida, y ha tenido que ser fuera de mi país. El tufo general del acto era un poco repelente. Políticos de media altura, muchísimos pelotas en la zona VIP buscando su cachito de futuro y un par de congresistas que aspiraban a la reelección y a los que no les prestaría ni mis libros del Barco de Vapor.


Por encima de ellos se elevó Clinton, ya fuera por el efecto de las canas, por la fascinación de ver a un personaje histórico o por la impresión de que el tío, con todas las imperfecciones, cumplió más o menos con su deber cuando le tocó hacerlo. Aunque quién sabe, quizás el magnetismo, al final, sólo se debiera a que estaba ante el que fuera reconocido como macho alfa, gorila de espalda plateada, de la greatest nation on Earth, como les gusta decir a ellos, la más grande nación sobre la Tierra.


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Edit: la entrada me parecía incompleta, una vez entrados en harina noventera, sin poner este vídeo con lo mejor de Boris Yeltsin.

2 comentarios:

  1. ¿Te imaginas que Chiquito saliera de su retiro dorado para dar un mítin político? El público enloquecería a la voz de "fistros pecadores de la pradera sessuarlrlrlr" y la gente acudiría en masa a votar. Eso sí que sería un golpe de efecto y no el anuncio de la lotería.

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  2. Creo que en este (ese) país sólo Chiquito y Gila podrían ganarle un debate a Pablo Iglesias. Le desconcertarían hasta comérselo por sopas. Pero Gila se nos fue.

    Espera, Faemino y Cansado también pueden. Pero no les van a convencer.

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