domingo, 9 de noviembre de 2014

De costa a costa

Viajar solo es un rollo. No estoy acostumbrado, hacía un montón de tiempo que no me ocurría. La última vez que conté algo por aquí, cuando iba en un avión camino de España por sorpresa, no iba solo del todo. Era un "viaje de negocios" y tuve que pastorear a algunas personas que iban también desde Davis, concretamente un jefazo italoamericano, un ruso raro y una estadística coreana. No me puedo quejar, porque fue bastante entretenido.

Esta vez ha sido distinto, porque iba solo, pero solo, a un congreso en el que no conocía a nadie, en una ciudad en la que no conocía a nadie. Bueno, durante algo más de un día tuve la alegría de encontrarme con una compañera italiana que estuvo un tiempo de estancia en Córdoba, pero poco más.

Deberían hacer mapas para los pósters de estos congresos
Hay dos formas de compartir un viaje que haces por tu cuenta. La primera es matar los ratos de aburrimiento enviando fotos al personal, lo cual, aunque compense un poco la soledad, te puede hacer un pelín odiado si el sitio está chulo (y lo estaba). La segunda es compartir las sensaciones con otra gente que ya haya estado en el mismo sitio (y esto la verdad es que aún no he tenido tiempo de hacerlo, salvo pequeñas pinceladas).

La gran ventaja de esta ocasión es que el lugar donde estaba es una mina para quien quiera conocerlo a fondo. Tiene mucho que ver, las posibilidades de que te apuñalen por la calle son más bien bajas y se puede recorrer andando casi todo el centro de la ciudad. Boston mola, es un buen lugar para reconciliarse un poco con este país que está lleno de pueblos y ciudades a los que las franquicias y grandes cadenas comerciales han ido despojando de personalidad y convirtiendo en aburridas repeticiones de algún original perdido en las llanuras de Kansas. Boston es una ciudad original en muchos sentidos. De hecho, fue la primera gran ciudad de este país, y la mayor que hubo en él durante varias décadas.

Viéndolo apoyado en una barandilla, junto al brazo de agua que bordea Boston por el este, el distrito financiero se levanta con esa belleza que, como me dijo Lucía el otro día, siempre te asombra cuando contemplas una ciudad estadounidense por la noche. El reflejo de los rascacielos en el agua se interrumpía, junto a un puente, en la madera de un pequeño barco, una reproducción europea de un velero del siglo XVIII. Hace muchos, muchos años, junto al barco original y dentro de él, frente a miles de personas que gritaban exaltadas contra el rey de Inglaterra, sus impuestos y sus leyes, comenzó la historia libre de este país y de todo el continente que lo acoge. Prometo contarlo mañana, esta vez no se me pasa.

Aunque los Estados Unidos nacieron en muchos sitios a la vez, Boston es quizás donde mejor se pueda ver aún la huella de ese parto.

Desde la otra orilla

2 comentarios:

  1. No sé si hay mucha más gente que lea este blog y haya estado en ese mismo sitio (aunque me consta que algunos sí que hay), así que espero algo más que unas pinceladas. No sé si te lo he dicho alguna vez, pero si alguna tuviera que volver a vivir en EEUU, sin duda alguna Boston sería una de las tres ciudades que elegiría (junto a Providence y San Francisco)

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  2. Ana y Lucía, al menos, estuvieron por allí. Me apunto la recomendación porque nunca se sabe dónde se va a poner el huevo...

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