viernes, 5 de diciembre de 2014

Tlachihualtépetl: la montaña que no lo es

Panorámica del cerro. A la izquierda, el Popocatépetl humeante.
Pero lo parece. El mismo final de la palabra náhuatl, -tepetl, significa montaña. Realmente se trata de un cerro, con su vegetación y con su santuario en lo alto, dedicado a Nuestra Señora de los Remedios, que se eleva sobre el pueblo de Cholula (estado de Puebla). En un detalle que cualquier ojo cordobés interpretaría como un guiño a su tierra, el santuario tiene hasta un pocito milagroso en una de las laderas. Sin embargo, los conquistadores castellanos sabían la historia desde el minuto uno:

Parecen ser cosa increíble dezir que son edificados a mano, y cierto los son, porque los que los hizieron entonces eran gigantes, y aun esto se ve claro en el cerro o monte de Cholollan, que se ve claro estar hecho a mano, porque tiene adobes y encalado.

Tal cosa decía el fraile Bernardino de Sahagún en su "Historia de las Cosas de la Nueva España". Tlachihualtépetl significa, en efecto, "montaña hecha a mano". Y no es una montaña cualquiera. La gran pirámide de Cholula es considerada por muchas fuentes como el monumento más grande construido por el hombre en la antigüedad. No es tan mediática porque en realidad, lo que se ve, es un montón de tierra. Pero despojada de su vegetación, recupera su capacidad de impresionar. Aquí está la mayor pirámide del mundo:


Visto así, el santuario queda bastante empequeñecido. El que quiera documentarse más, tiene Wikipedia y otras fuentes que se contradicen continuamente entre sí, pero la idea básica es la de un gran complejo ceremonial que fue creciendo desde el siglo I hasta el X a base de construir sobre lo ya construido, levantando una especie de pirámide con un núcleo de adobe y paredes de piedra sobre otras anteriores más pequeñas. Lo que vemos, básicamente, es el núcleo de adobe de la última fase. La pirámide nunca fue tan alta como la del Sol en Teotihuacan, ni mucho menos como la de Keops, pero su gigantesca base hace que tenga mucho más volumen que ambas.

Escalera dentro de la pirámide
Ha resultado un poco decepcionante saber que los túneles por los que discurre la visita turística fueron abiertos en el siglo XX por los arqueólogos. Sin embargo, algunas de las escaleras que se encuentran por el camino sí que son originales, y quedaron sepultadas por las siguientes fases constructivas. Aún así, emociona andurrear durante media hora por dentro de la montaña, especialmente si no contratas a un guía que te llevaría a toda prisa de detalle en detalle (por el módico precio de 50 pesos). Y quizás no esté la cosa aclarada del todo, porque el mismo Sahagún cuenta que "como los romanos edificaron el Capitolio, ansí los cholulanos edificaron a mano aquél promontorio que está junto a Cholula, que es como una sierra o un gran monte, y está todo lleno minas o cuevas por dentro".

Cholula y la Malinche desde el mirador
Desde los miradores junto a la iglesia, hacia el oeste, se ven los volcanes Popocatépetl (activo) e Iztaccíhuatl, que separan los valles de México y Puebla. Al norte, el volcán Malinche y, al este, la ciudad de Puebla, de la que Cholula es casi un barrio periférico. La enorme importancia ceremonial de la Cholula prehispánica se demuestra por la intensidad de su cristianización posterior: a Cholula se la ha llamado, exagerando, la ciudad de las 365 iglesias. La realidad es que más de una veintena se distinguen fácilmente desde el propio santuario. Y además del esfuerzo humano por cristianizar la zona, desde arriba parece que también se ayuda. Mientras estábamos por allí de visita, una señora talegó y bajó rebotando dos o tres escalones en lo más alto del cerro, adonde no pueden subir las ambulancias. Para cuando nos avisaron, la mujer estaba sentada sin poder moverse, con unos dolores tremendos, y un policía llamado Valentín contemplaba la escena recostado tranquilamente sobre el murete, chupando un helado. Flipamos completamente. El tipo se limitó a decir que no había nada disponible, y ya que había contactado con su central. Nuestro amigo sacó el móvil, y en cuestión de quince minutos ya había una ambulancia al pie del cerro, desde donde los sanitarios empujaron la camilla rampa arriba, maldiciendo a varios siglos de antepasados prehispánicos. 

Teniendo en cuenta que la señora accidentada había acudido a Puebla para consultar con una vidente, según interpretamos, y que sólo de paso se acercó al santuario de los Remedios, cualquiera diría que se habría producido un escarmiento celestial sobre a qué consejeros conviene más acudir. Además, no parece que la vidente mencionara ningún problema grave de salud inmediato, el día anterior. Minipunto para el santoral castellano.

Rayos celestiales sobre los Remedios, celebrando la victoria sobre la superstición

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