lunes, 8 de diciembre de 2014

La ciudad daleá

To esto era agua
Guadalajara en un llano, México en una laguna. La canción está un poco desactualizada, porque de la laguna que fue México solamente van quedando charquitos, aunque también esas pequeñas venganzas que se cobra la naturaleza cuando la putean de más. A saber: cuando llegaron los españoles, México-Tenochtitlán era una especie de Venecia construida en una isla sobre el lago de Texcoco. No os confundáis con la escala del mapa: la ciudad ocupa actualmente todo lo que era agua, con la excepción del trozo oriental del lago.

Una vez conquistado todo el territorio, y en vista de las inundaciones que cada equis tiempo echaban a perder cosechas, palacios y viviendas, los virreyes, que no sabían administrar los viejos sistemas de gestión del lago empleados por los mexicas (que probablemente también las pasaban canutas, eso sí), decidieron desecar toda la cuenca lacustre que ocupaba lo que hoy es el enorme territorio de la ciudad de México.

Sin embargo, no todo iba a ser tan fácil. Los mexicas se habían dado cuenta de que el terreno sobre el que construían era una verdadera caca. Tenían que meter troncos de ahuehuete a modo de cimientos antes de poder construir nada. El gigantesco Templo Mayor se les hundía un poco cada año, de modo que la costumbre mesoamericana de construir pirámide nueva sobre pirámide antigua cobraba además la utilidad de recuperar la altura perdida por la inestabilidad del terreno.

Los españoles debieron de darse cuenta pronto de que media ciudad estaba inclinada, vencida o, como decimos en el sur, daleá. Hay plazas enteras, como la de Santo Domingo, que tuvieron que ser reconstruidas cuando los regidores se cansaron de poner parches cada cinco o diez años. Lo que pasa es que hay determinados edificios con los que eso no resulta tan sencillo. Como por ejemplo, la Catedral.

Si la inmensa mole de la Catedral de México decide empezar a hundirse en la tierra, no hay muchas cosas que puedan hacerse. Y lo decidió hace tiempo, especialmente después del terremoto de 1985. En la foto se ve cómo las columnas de distintas partes de la iglesia, en la misma nave, se inclinan hacia lados distintos. Se quieren levantar partes de la Catedral con sistemas hidráulicos, pero cualquiera entiende que no resulta una tarea fácil.

Aunque desde luego, lo más impresionante que hemos visto en inclinaciones de iglesias es la antigua basílica de la Virgen de Guadalupe. Algún día subiremos fotos de la nueva, que es tan fea que hace llorar a las cebollas (pero la quieren), y el motivo principal de que se construyera en los años setenta fue que la antigua estaba para venirse abajo en cualquier momento. No hay más que comparar la fachada con el edificio de detrás, o con Mari y Sac, que están perfectamente verticales porque todavía no habíamos probado el mezcal esa mañana.

Y no son los únicos sitios, pero son los únicos de los que tengo foto. Muchas capillas e iglesias por toda la ciudad tienen el mismo problema, y no tiene fácil solución. En todo caso, cuando hicimos una visita a esos sitios, tratamos de hacerla más bien rapidito. Por lo que pudiera ocurrir.

Feliz semana.

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