martes, 2 de septiembre de 2014

Los Estados Fracturados de América

(Abrir en pestaña nueva para resolución bestia)
Volábamos alegremente Mari y yo de vuelta a California, en junio, cuando empezamos a sobrevolar una zona con un curioso patrón de manchas claras. Al principio pensé que era una urbanización en construcción, pero cuando vi que se extendía hacia el horizonte, entendí que ni veinte Poceros juntos podrían hacer semejante cosa. Se me pasó por la cabeza la posibilidad de una zona de silos de misiles nucleares, o alguna otra instalación militar. Pero era demasiado grande, de nuevo. Así que después de diez minutos y decenas de kilómetros de manchas claras, calculé que debíamos estar sobrevolando el norte de Colorado, y que lo que había bajo nosotros era el primer campo de fracking ("fractura hidráulica") que tenía la ocasión de contemplar. Una pequeña muestra de los más de 50.000 pozos de fracking que hay sólo en ese estado. Y no me gustó nada.

Para quien no sepa en qué consiste el fracking, un resumen rápido. Consiste en extraer gas y petróleo de ciertos yacimientos no explotados hasta ahora, a base de inyectar agua a presión mezclada con productos químicos, y permitir así la salida de los hidrocarburos. Para unos, es la esperanza para movilizar nuevas reservas de gas y petróleo; una gran oportunidad financiera y laboral, que permitirá que EE.UU. vuelva a exportar petróleo muchos años después.

Para otros, es una burbuja financiera basada en proyecciones irreales, mediante una práctica tremendamente contaminante y con pozos que se agotan con rapidez, exigiendo una inversión continua que no tiene ningún sentido económico, y que si lo tuviera sería porque el petróleo se agota con tanta rapidez que necesitamos exprimir reservas que, en condiciones normales, a nadie se le habría ocurrido explotar.

Es, en cierto modo, el aviso de que las próximas dos décadas podrían ver unos enormes cambios sobre los que la opinión pública apenas está recibiendo información. Cada vez queda menos petróleo, y desde el año 2005 la producción de crudo ya no sube, sino que se tambalea y empieza a descender. No hace falta que se acabe el petróleo para que nuestra sociedad se vaya al carajo. Sólo hace falta que empiece a escasear, y la oferta y la demanda (y las armas) harán el resto. En el año 2000, la gasolina estaba en EE.UU. a un dólar por galón. Hoy está por encima de los cuatro dólares durante gran parte del año.

No está escrito en ninguna parte que las crisis tengan que terminar.

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