domingo, 7 de julio de 2013

4 de julio

El fiestón

Esta semana, la población local ha celebrado el 4 de julio, también conocido como Independence Day. Se conmemora la victoria de los Estados Unidos de América sobre los extraterrestres que trataron de conquistar la Tierra, y constituye, junto con el día de Acción de Gracias, la festividad más importante para esta gente.

Bermudas y bici modelo "Dios bendiga América"
Básicamente, la parafernalia del día consiste en llenarlo todo de los colores de la bandera estadounidense. Para ello se pueden usar todo tipo de recursos: papel, espumillón, pintura, ropa... y sobre todo banderas. Es, además el día elegido para cualquier acto patriotero, como cuando en algunos restaurantes rebautizaron a las patatas fritas (French fries) como patatas de la libertad (freedom fries), en protesta por el rechazo de Francia a la guerra de Irak, o para la reinauguración de la estatua de la Libertad (fabricada en Francia, por cierto...).

Davis, en su característica sosez, celebra el día con una carrera de bicis por el centro de la ciudad. Probablemente en el sur de California lo celebren con concursos patrióticos de camisetas mojadas, pero esto es otro rollo. La carrera, además, quedó un poco deslucida por la temperatura, cuando las ruedas de las bicis se derritieron hasta pegarse en el asfalto y los competidores de categoría alevines ardieron espontáneamente mientras esperaban en la línea de salida.

Al caer la tarde, cuando los seres humanos pudimos volver a salir a la calle sin riesgo para nuestras vidas, nos deleitaron con un espectáculo de parapente en el que la estrella, por supuesto, fue la bandera, que bajó sostenida por un paracaidista, junto a la California y a otra, negra, que representa a los soldados estadounidenses que son prisioneros de guerra o están declarados como "desaparecidos en combate". Mientras que estas dos últimas banderas se quedaron un rato tiradas en el suelo después del aterrizaje, la bandera nacional fue recogida al vuelo (literalmente) por cuatro o cinco personas que ni siquiera dejaron que rozara el césped del Community Park antes de doblarla ceremoniosamente.

El parque se fue llenando mientras algunas bandas de música cantaban las más añoradas canciones de la América profunda, como "Guajira mía" y otras por el estilo. Según anochecía, el asunto se ponía un poco más ceremonial con el discurso del alcalde de Davis (cuyo momento más celebrado fue la mención al matrimonio homosexual) y llegó a su cúlmen con el concienzudo y despiadado destripamiento del himno estadounidense, llevado a cabo por una especie de cantante que decidió, con muy poco criterio, que podía hacer una versión medio reggae, medio folk.

Y por fin, los fuegos artificiales. Por si la gente tuviera tentaciones de divertirse demasiado, la ciudad de Davis prohibió hace años cualquier tipo de artefacto pirotécnico que no fueran los del ayuntamiento. Es posible que alguna asociación de vecinos, sin embargo, fuera capaz de hacer algo más digno que lo que vimos nosotros. También es verdad que ver unos fuegos artificiales al lado de un valenciano es como darles a probar tu presunta paella, siempre podrán sacarle pegas, y nosotros teníamos allí media docena de valencianos. Pero hay que reconocer que arte, lo que se dice arte, no es que tengan mucho en estas tierras. Se pasaron veinte minutos pegando petardazos sueltos sin demasiado orden, para terminar con una pequeña traca que fueron los únicos quince segundos dignos del espectáculo.

Para nuestra sorpresa, nada más terminar los fuegos, en vez de correr hacia una barra donde vendieran cervezas, los americanos, con todas sus banderitas, corrieron hacia sus casas. Desaparecieron en cinco minutos, no quedó ni uno en el parque. A las diez de la noche, recordemos, sólo una hora después de que los Lunnis cantaran su "Buenas noches, hasta mañana", lo único que había en el enorme parque eran un par de corrillos incluyendo al nuestro, preguntándose qué idea de fiesta tenían por aquí, y disfrutando, ante el escenario vacío, del fresquito de la noche, de unas cervecitas semiocultas y del principio de unos días de descanso.

El escenario a las diez de la noche.

4 comentarios:

  1. Me encanta la foto del escenario...una imagen vale más que mil palabras. Bueno chicos, una experiencia más que se suma a las muchas que nos contaréis. Desde luego no deja de ser curioso. Por aquí, dentro de nuestra normalidad os echamos de menos.

    ResponderEliminar
  2. Dios bendiga a Will Smith!! Veo que por aquellas tierras tambien hacen un Don Pepe... para merendar. Disfrutad y seguid teniéndonos al tanto. Y alegría, que estará allá donde estéis. Abrazos y besotes

    ResponderEliminar
  3. ...lo mejor sin duda lo de los niños ardiendo espontaneamente en la salida...jajaja. Muy bueno Jose.

    P.S (ahora lo pongo en inglés vale que queda mas molón): me estan entrando una ganas nulas de ir a veros con ese ambientazo del que disfrutais. O me vendeis mejor aquello o na de na

    ResponderEliminar
  4. Sí, yo empiezo a pensar que aquí en las despedidas de soltero cantan la versión censurada del velero... o enseñan los DNI para ver que tienen edad para cantarla... pero todavía hay esperanza

    ResponderEliminar