miércoles, 9 de julio de 2014

Aparcar en Berkeley


Siempre hubo clases. Normalmente, dentro de cada grupo se define una pequeña élite, cuya importancia absoluta viene a depender del nivel de cutrez del propio grupo. A saber: el españolito medio aspira, entre otros pequeños triunfos, a tener una entrada de "preferente" en lugar de un fondo, o a poder acceder a la zona vip de una discoteca cualquiera de una isla cualquiera de las Baleares.

Para los que están un poco más viajadetes, los triunfos varían de naturaleza pero siguen siendo igual de mierder: que el programa de puntos de la aerolínea te permita volar en un asiento menos claustrofóbico o que la empresa te pague el taxi y el menú del día.

Eso sí, hay lugares en los que resulta un pelín más difícil destacar entre la gente que te rodea. Uno de los más jodidos para ello en el mundo entero es Berkeley, donde estuvimos Lucía, una compañera de la UCO que ha estado aquí de estancia, y yo hace unas semanas.

Berkeley es el campus más antiguo e importante de la Universidad de California. Está enfrente de la ciudad de San Francisco, al otro lado de la bahía, donde se montan los grandes atascos de la I-80. La UC Berkeley es la mejor universidad pública del país, y seguramente del mundo, y está entre las cinco primeras en el ránking absoluto. Así que no creo que se sientan enormemente impresionados por los pósters que enviamos a los congresos habitualmente. Aquí hace falta algo más. Aquí para que te den plaza de aparcamiento gratis, como se ve en las señales de la foto, tienes que ser premio Nobel:

"Reservado para Premio Nobel"
Y no parece que sea ningún tipo de farol, porque el congreso, más bien el encuentro, porque duraba sólo un día, fue inaugurado por uno de los premios Nobel de Medicina del año pasado, Randy Scheckman, que después de contarnos unas cuantas cosas sobre autofagia (a nivel celular, se entiende) y tráfico vesicular, dedicó aproximadamente un cuarto de hora a poner a caldo a las mejores revistas científicas. Según él, la obsesión por publicar en Science, Nature y Cell (lo que mi director de tesis denomina el síndrome del sistema nervioso central o SNC), y la fijación por el índice de impacto de la revista, está perjudicando al mundo científico, dejando de lado algunas aportaciones relevantes y encumbrando a grupos que en ocasiones demuestran ser un puro fraude. No tengo nada claro que este señor vaya a tener fácil volver a publicar en esas revistas, pero supongo que le da igual porque ahora él tiene la suya propia. Y una plaza de aparcamiento.

Randy Scheckman, Nobel de Medicina 2013, dando la charla
Con este avistamiento de premio Nobel, Lucía y yo batimos el récord que habíamos establecido junto con Julia un mes antes, compartiendo mesa con dos o tres ilustres señores de universidades californianas, que se comían a cara de perro unos maravillosos bocatas de bacon, y entre los que se encontraba el cuñado de un premio Nobel, creo que de Física. Vamos, un don nadie, un mindundi, que seguro que viaja en turista.

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