domingo, 8 de septiembre de 2013

Martirios americanos para el español medio: las formas de pago

El destino manifiesto
'Murica. Pronúnciese márica, más o menos, con acento tejano. Que viene a ser una forma de llamar a este país parodiando a lo más profundo de la América profunda, perfectamente representada en el señor que pueden ustedes ver algo más arriba. No le falta de nada, ni la bolsa del Walmart, ni siquiera el lacito amarillo que simboliza el apoyo a las tropas estadounidenses desplegadas en el extranjero.

Como la semana no está dando mucho de sí en cosas espectaculares (se nota que la vida de postdoc es bastante más tranquila que la de becario), puede que me esté fijando más en pequeños detalles que los yanquis utilizan para que en ningún momento se te olvide que no estás en tu casa. Esas cosas suyas con las que tienes que lidiar, quieras o no, y que pueden llegar a desquiciarte. 

Martirio americano #1: las formas de pago.

Les maldigo. Maldigo a los bancos. Nunca antes había tenido la sensación tan estúpida de que te llegue una factura a casa y no sepas qué hacer con ella. Te viene con un sobre pequeñito dentro, para que les envíes el pago. ¿Para que envíe el pago? ¿En billetes o en pepitas de oro? ¿En diligencia? Pues sí, debe ser en diligencia, porque el banco es el Wells Fargo, que creo recordar de los tebeos de Lucky Luke. Y, ¿por qué no hacer una simple transferencia?

¡No! ¡Las transferencias son pecado! ¡Mal! Pasar dinero de un banco a otro es de las cosas peor vistas en este país. Muy por delante de las mezquitas. Para evitar tentaciones, los principales bancos cobran comisiones de $30 por transferencia para asegurarse de que nadie comete semejante imprudencia. Cualquier español se echaría las manos a la cabeza por ello, pero rápidamente trataría de domiciliar los pagos.

Lucky Luke pagando el recibo de la luz
Ajá. No es tan fácil. Puede que te sirva con el recibo de la luz, pero no te servirá con el alquiler del apartamento. Sólo se puede pagar de dos maneras: con cheques o, atención, ojo al dato, de la forma más popular en este estado (si no en este país), con un puto giro postal. De tal manera que aquí, a un par de horas de coche de Silicon Valley, si yo quiero pagar a mi casero no puedo hacerlo con banca por internet, sino que tengo que ir a Correos (US Postal Service, el equipo de Armstrong) y, si quedan, que los primeros días del mes se suelen agotar, hacer un giro postal y llevarlo de la manita hasta el buzón de la secretaría del complejo de apartamentos. Si se han acabado en Correos, siempre podré comprarlos en la farmacia, pero acaban de prohibir hacerlo con una tarjeta de crédito o débito, con lo cual les debo entregar la pasta en mano. Muy lógico todo.

El otro extremo en informatización, casi peor, es la factura de internet, que es, simplemente, un correo electrónico, como si tal cosa. No hablo de una factura en pdf, sino de una serie de numeritos en forma de texto normal en el correo, y al final te dicen: debes $30. Te llega el correo, tú te metes en una página, escribes tus datos y pagas con tu tarjeta. Ni recibo, ni prueba de pago, ni números de confirmación. Y no debe ser un timo, porque no nos han cortado el internet en tres meses y pico.

Siempre es peor no tener dinero que no saber cómo utilizarlo. Pero estas cosas son uno de los martirios más comunes e inesperados de la vida por aquí.

1 comentario:

  1. Pues yo con el banco de la diligencia le hacía las transferencias del alquiler gratis a mi casera (que también era de ese banco). Si es que hay que saber... ;)
    Pero date cuenta también que estás en el país que permite pagar compras de $1,45 con tarjeta de crédito.

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