No contento con jugarme la piel en el Death valley el año pasado, cuando burlamos a la muerte en todas sus formas, que eran muchas, este año decidí ver si había sido cuestión de suerte salir vivos de allí o realmente no era para tanto el tema. Como iba con tres fumadores, tenía más o menos claro que palmaríamos todos de un zambombazo de metano al lado del pozo negro de los servicios del parque, pero no fue así.
| Jose y el chaparrón en el desierto |
| El rebozamiento y el mareo |
La de sal vino un poquito después, cuando nos pusimos a tentar el aguante de los sedimentos de Badwaters pegando saltos para hacernos lo que Mar denominó todo el viaje "fotos de teatrillos, que hay que ver cómo nos gustan los teatrillos". Como allí tampoco nos matábamos, subimos al mirador a no sé cuántos cientos de metros sobre el valle, pero ni siquiera hacía aire, con lo cual no había peligro ni para el chino inconsciente que hacía equilibrios sobre una roca con su cámara de fotos.
El valle de la Muerte no es para tanto. Que no me vengan con historias, que allí o vas a propósito a quitarte de enmedio o es más sencillo palmar por atropello de una bicicleta en Davis. Puede influir que fuéramos en noviembre en lugar de agosto... sí... pero es que eso entraría como "ir a propósito a quitarte de enmedio". Y no apetece chocarla, tampoco.
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