miércoles, 2 de marzo de 2011

El reloj a cero

Al final de la estancia, me planteé si el blog debería quedarse congelado para siempre o merecía la pena seguir publicando. Decidí que siguiera funcionando, para poder contar cosillas que se me hubieran quedado en el tintero y para que Olaya y Delia pudieran compartir por aquí algún pegolete que ocurriera después de haberme ido. O bueno, eso fue lo que dije, porque en realidad lo dejé abierto por el enorme monazo de Davis que tenía a la vuelta, especialmente los días de Ávila.

Ahora me alegro de haberlo hecho así porque, si todo va bien, voy a seguir usando el blog otro añito más. Como más o menos ya sabéis los dos o tres gatos que seguís bicheando esto dos meses después de acabarse la función, seguramente me vuelva a Davis en otoño, para las mismas fechas que el año pasado. Ya está echada la solicitud, y toca volver a pasar por todo el tostón de papeleos y trámites, con la ventaja de saber exactamente qué es lo que tengo que hacer y de tener un puñaíllo de contactos allí para buscar habitación, bicicleta y todas esas cosas.

Me da la sensación de que me quedó mucho por hacer allí, y voy a tener la suerte de una segunda oportunidad, con todas sus cosas buenas y sus cosas malas. De todo se aprende, y ya conozco segundas partes que sí que fueron buenas.

---

Por cierto, cuando estuvimos en Monterey nos lo preguntábamos y, ahora, después de un viaje loco aprovechando el puente del día de Andalucía, lo puedo confirmar: el Oceanográfico de Valencia le da cincuenta vueltas al acuario de Monterey.

2 comentarios:

  1. Que envidia el finde por Valencia! seguro que lo pasasteis genial y ese oceanográfico SÍ merece la pena.
    Bss

    ResponderEliminar
  2. Pues es una ciudad preciosa, ha sido una escapada chulísima. Os la recomiendo, yo creo que lo tenéis de lejos como nosotros, eh? Sólo eché de menos el toquetear los bichos como hicimos allí.
    Un beso gordo!

    ResponderEliminar