viernes, 1 de abril de 2011

Patatas de Arizona

Tarde de prácticas en un viernes mu largo,con alumnos de quinto deseando largarse y yo jartico de todo, recogiendo materiales y restos. Cuando apagué la campana extractora, me vino un olorcillo desagradable a acetato de etilo (en fin, un olor a disolvente raro) que no notaba desde la última vez que hice en Davis la misma técnica, con la que terminaba todas las tardes a eso de las seis o seis y pico, aunque de vez en cuando aceleraba un poco para llegar prontito a la Cerda.

Así que me han entrado ganas de cumplir con un encarguillo un poco extraño, que también tiene que ver con Davis y que también he resuelto esta tarde. Resulta que andaba en la cafetería con mi compañera, buscando algo de chocolate que llevarnos a la boca, pero como era viernes por la tarde, no quedaban palmeras/negritos o similar. Tampoco cafeles con pincho de tortilla. De modo que he tenido que pedirme unas patatillas. Lays, al punto de sal. Anda, carajo.

Recuerdo un viaje loco por el desierto de Arizona, entre Las Vegas y el Gran Cañón, cruzando todo el estado de oeste a este a la ida, y volviendo a partir de la puesta de sol y el cuerpo hecho mierda. Si no me equivoco, me tocaron tres horitas y pico (la segunda mitad del viaje) con dos personas semivivas en el asiento de atrás, y una persona vivísima y cascando por los codos en el asiento de delante (Olaya). Fue el viaje en el que vimos las luces de Los Ángeles en el horizonte, reflejadas como un halo blanco en las nubes en dirección al oeste, y en el que acabamos hablando de ovnis, lo cual venía al caso porque al día siguiente íbamos a pasar junto al Área 51 en Nevada.

Sólo hicimos un descansito en la vuelta, en una gasolinera con tiendecilla donde vendían pizza por la porción (ah, americanismos que voy perdiendo). Hacía un cierto fresquete de noche del desierto, pero nos sentamos en una mesa fuera, Delia abrió unas patatas y nada más probarlas dijimos "joder, qué salado está esto". Llegamos a la conclusión de que estaban mucho más saladas que en España, que las harían de distinta forma aunque tambíén fueran Lays, de acuerdo con el estilo de vida americano de arterias taponadas. Para salir de dudas, como no tenía nada mejor que hacer y siempre fui un poco así, en fin, saqué el móvil y apunté en un mensajito la cantidad de sal que tenían. Afortunadamente venía en gramos y esas cosas.

Bueno, pues hoy tengo la respuesta. Las Lays de aquí tienen mucha más sal que las de allí. Más del doble. No os extrañe que la haya cagado con las cuentas, pero la intención es lo importante, y ya puedo borrar el mensajito.

Desde luego, de ese finde me traje cosas bastante más importante que el tema de las patatas. Una de las que me he dado cuenta hace poco ha sido que nunca más volveré a dudar, en esas conversaciones de día de la marmota que se repiten dos veces al año, de cuál es el cambio de hora bueno y cuál el malo. Porque por el cambio de hora en otoño pudimos retrasar el reloj y dormir una hora más en Las Vegas antes de la paliza del valle de la Muerte. Eso ya se queda marcado para todos los marzos y octubres (noviembres, si es en Davis) que vengan a partir de ahora.

8 comentarios:

  1. Ay Alberto, Alberto, que me lías al personal. Ya estás confundiendo detalles... Lo de las patatas fue cuando íbamos al Gran Cañón en el Little Colorado, donde la reserva de los indios esos que nos timaron con los pendientes :D

    ResponderEliminar
  2. No, ni de coña!! Estoy casi casi seguro de que fue a la vuelta, por la noche, con dos eslaiz de pizza en la mano, cuando abrimos las patatuelas en la mesa.

    ResponderEliminar
  3. A mi me suena un poco más la combinación pizza y patatas saladísismas... Lo que estoy segura es que las cuentas no están bien, seguro que alguna de las unidades era una americana, porque es imposibles que esas patatas tengan menos sal que las nuestras!!!

    ResponderEliminar
  4. Ves, Olayuca? Que ibas más frita de lo que parecía...

    ResponderEliminar
  5. Que no, que no. Seguro que la primera vez fue en la mesita esa de los indios, cuando llamó Doña Pilar y Alberto se estaba descojonando de la risa. Luego, a la vuelta, como no tuvimos suficiente con la primera vez, repetimos mientras se nos helaba el culo comiendo pizza. He dicho.

    ResponderEliminar
  6. ¡Ajá! Tengo pruebas de que tengo razón: ¡el orden de las fotos! Tengo una foto de la bolsa de patatas (still made with all natural oil) entre dos del Little Colorado :P

    ResponderEliminar
  7. Al final me vas a tocar las narices, ein? Mira el vídeo (http://www.youtube.com/watch?v=ySDCPMRv2oM), hubo patatas, sí, pero el rollo de la sal es de luego. Desde luego, pa cabezona una asturiana... Que se pronuncie Delia.

    ResponderEliminar
  8. Jejeje, haya paz por favor! ;-)
    Lo que sí que me gustaría sería volver a probar esas patatas, a ver si son tan saladas de verdad o era el cansancio que teníamos encima jejeje

    ResponderEliminar